FUNDACIÓN AGRESTE promueve la concientización acerca del enorme impacto que la pérdida de suelo fértil produce en la población mundial y promueve el mejoramiento de las prácticas en manejo de tierras, así como las acciones para la mitigación de los efectos de la desertificación en las poblaciones.

La desertificación es un proceso que afecta profundamente a la mayoría de los países en desarrollo, y es resultado directo del impacto de la presión humana sobre ecosistemas de regiones áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Las tierras secas y áreas subhúmedas son especialmente vulnerables por su inestabilidad natural, resultado de una amplia variación de precipitaciones –estacionales y anuales–, por lo que la capacidad de uso de las tierras es muy limitada.

Los efectos de la desertificación se relacionan con la degradación y desaparición de los recursos naturales. Éste es un proceso complejo, de efecto duradero, que se ve fuertemente intensificado por las sequías y por la acción antrópica, a través de prácticas inadecuadas de producción y cultivos inapropiados -altamente demandantes de insumos-, sobrepastoreo y desmonte.

Las causas de la degradación de tierras pueden ser múltiples, como le desconocimiento de la estructura y dinámica de los ecosistemas, el inadecuado manejo de las cuencas hidrográficas, los sistemas de desmonte, el uso irracional del fuego, la invasión de especies vegetales de vida corta y escasa cobertura, la intensificación de la agricultura, la sobrecarga de ganado, entre otras condicionados que, generalmente por una sobreexplotación económica, provocan el uso insostenible de los recursos.

Generalmente el deterioro es un proceso que ocurre a una escala más lenta que la dinámica económica, motivo por el cual se subvaloran sus consecuencias.

La degradación y erosión de suelos tienen en Argentina una gravedad, teniendo en cuenta que más del 75 % del país está afectado por climas áridos y semiáridos, unas 187.000.000 de has. deberían recibir un manejo especial, apropiado a su potencialidad y acorde al grado de sustentabilidad. Las áreas más degradadas se distribuyen en Patagonia, Puna y Monte, así como en la porción más seca del Gran Chaco.

En las regiones áridas, semiáridas y subhúmedas secas se viene observando un proceso de degradación de las tierras y de adelgazamiento de la cubierta vegetal tanto por efectos de las actividades humanas como por las variaciones climáticas. Como consecuencia, las tierras se degradadas se conviertan en improductivas, llevando consigo un aumento de la pobreza, emigración rural y otros desplazamientos humanos, así como diversos efectos negativos en la calidad de vida de las poblaciones.

Los más afectados por la degradación de tierras y desertificación son los campesinos, pequeños y medianos productores rurales, comunidades indígenas y pequeñas localidades rurales, quienes desarrollan actividades economías de subsistencia.

Iniciativas que aborden estas cuestiones tienen un valor clave en la lucha contra la pobreza, pues se centran en zonas de extremas necesidades e inestabilidad social, siendo un instrumento para el desarrollo sostenible y la lucha contra el hambre. Con el control de la desertificación a través de la implementación de prácticas para el aprovechamiento sustentable de las tierras, se busca recuperar los ecosistemas en toda su integridad, estabilidad y funciones dentro del contexto de un desarrollo sustentable de la región y protegiendo las grandes reservas de agua dulce de la contaminación.

Fundación Agreste participa activamente de diferentes iniciativas en este sentido, como la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), la Alianza Global por los Suelos (GSP) y Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación (ONDTyD), del que forma parte coordinando el Sitio Piloto Paso Grande.